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La terminal del cuadro imposible

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En la soledad del pensamiento se han encontrado amores, que nunca se han conocido, la vida está llena de amores con el vientre seco. Las mentes vuelan sobre raíles de acero y no saben siquiera quién las puso ahí, pero sólo se preocupan de correr, porque es lo que siempre han hecho.


Anaan yace dormida sobre un banco hecho de plástico reciclado. Sólo una fina membrana de sueño la separa del aire viciado de la terminal del aeropuerto, que espera liberarse de las escaramuzas del clima, empeñadas en retrasar todos los vuelos.

<Vuelve a casa, vuelve a casa mi niña dormida >.

Es una voz que recorre el inmenso océano de pensamientos, que encierra dentro de su mente de estudiante de ingeniería. Una voz mezclada con la arena fina del desierto, pero también con el corazón de una madre, que nunca duerme esperando verla llegar.
Alistair es un mozo de mantenimiento, bueno también un yonki, y un ratero ocasional, si pero también un pintor sin suerte, un genio sin estrella, un asiduo de la asistencia social, casi tanto como de la botella de gin. Un revolucionario, sin revolucionables, en un país muerto de conformismo, y de miedo a perder el asiento de lujo en un pequeño wáter de cerámica, o las pilas del mando a distancia. Un país con locos al volante, derrapando en las curvas, sin escrúpulos, sin meritos, sin talento, pero con el bolsillo lleno de votos.


¡Qué bella es la democracia, si existiera, debe de ser la leche!


Alistair lleva días sin poder comprar pinturas, y siente un tremendo deseo de ponerle colores a un lienzo, darle forma a un sueño ¿Sabes que es un sueño? Eso te preguntaría Alistair si él pudiera verte ahora y contarte esta historia pero no puede. Sólo puede seguir obsesionado con pintar, dejar que los aceites cromáticos de los tubos empapen una tela de lino. Ni el ruido repetitivo de la escoba sobre el pavimento del aeropuerto logra quitarle la inspiración. Lleva días con mono y sin pincharse, con un hambre que no siente. Se alimenta de frutos secos y tragos de los pequeños botellines de licor, que le regalan algunas tripulaciones de vuelo.
Anaan, escucha el carro de Alistair a lo lejos, escucha el sonido de las cedras de la escoba, barriendo sobre un suelo pulido. Son las pequeñas esclavas inconscientes de la voluntad de otro esclavo, que a su vez, forma parte de todo un entramado de esclavitud, que cuando cierra el círculo es llamado mundo libre. Curioso, llamativo, enloquecedor. Anaan ha aprendido mucho sobre los cálculos correctos, para encajar los diseños de su mente, en lo que puede ser la realidad. Ahora piensa en un universo de ácaros, levantados por una fuerza que desconocen de su vida arremansada sobre el suelo, es una revolución. Es el destino del ácaro, piensa. Su cansancio la devuelve al sueño, Alistair simplemente barre.
Peteer Jassa, arrastra una gran maleta plateada, sobre unas robustas ruedas encajadas en unos ejes de acero inoxidable. Viene de la terminal uno, allí no hay sitio para descansar. La gente se amontona en los bancos, impulsados por la lógica irracional de sus culos pálidos y decaídos, poco acostumbrados a tomar decisiones difíciles. Venimos de un mundo dónde las vacas son de brik y nacen en los estantes del súper. Las decisiones se reducen a un nombre dentro de una urna de cristal y ya que él vaya haciendo.

Peter viene de una familia pudiente, ellos tienen vacas, no briks, y escriben los nombres que van escritos en los papeles, que van dentro de las urnas y se pasan cuatro años cacareando como gallinas, durante el día y esperando las ordenes del gallo durante la noche. Pues bien, su abuelo es quien toma las decisiones, que luego le da a conocer al gallo, para que las gallinas las aprueben en el parlamento. La democracia, es una zorra avariciosa, que se nutre del dinero del abuelo y sus amigos. Así se lo oyó decir a su padre días antes de que supiera del atentado dónde al final se quedó sin padre. El abuelo no quiso explicarle nada sobre el atentado, pero si le dijo algo sobre lo que había escuchado. Tu padre no sabía lo que decía chiquillo, vas a viajar mucho por el mundo y si alguna vez en algún lugar ves asomar la democracia, llámame a cobro revertido, para que pueda avisar a mis amigos del ejercito. Peter entendió, porque el abuelo vive en una gran mansión, dónde todos los teléfonos disponibles funcionan con monedas. Sigue viajando por el mundo y nunca tiene necesidad de llamar al abuelo.


Hay un juego sádico y compulso en todo amor, que puede desarrollarse de mil maneras para acabar de una sola.


Anaan tiene el oído afilado como el instinto de un lobo, de hecho posee una belleza salvaje, que se desliza sobre una melena lisa y negra como la noche, llena de destellos de estrellas que los malabarismos de la luz dibujan en su cabello, cada vez que se mueve. En sus ojos de color chocolate, se adivina la mano de una mente que se pasa la vida encendiendo luces en todos los pasillos de su temperamento inquieto. En su piel color oliva, vive el aroma de una sensualidad mediterránea, que nació inmortal en las fraguas de vulcano, y ella luce bajo el encanto de una preciosa sonrisa que no sabe mentir, así que cuanto más vive, es más difícil de ver. Ha escuchado los pasos firmes de Peter acompasados, con el murmullo ruidoso de las ruedas de su maleta, y cómo una gacela que presiente peligro ha levantado su cabeza, para rastrear el paisaje. Se ha topado con la mirada distraída de Peter, azul cielo esperanza, y por un segundo su corazón ha sentido esa convulsión, ese arranque espontaneo que despierta la curiosidad del genio delirante del amor.
Alistair, levantó la mirada del suelo, justo cuando los ojos de color chocolate de Anaan, rastreaban el horizonte. Se ha enamorado de su cuello de gacela blanca, y del torrente de noche estrellada que ella peina ahora con un movimiento tan suave, que provoca ligeras ondulaciones en la vía láctea. La mente de Alistair, ya la está dibujando, esta respirando el perfume de su piel, y está combinando colores en una paleta imaginaria, para llegar a pintar las emociones tal como las ha sentido, cuando su mirada ha impactado contra Anaan. Ella aún no sabe que él existe, pero es demasiado tarde, ahora es prisionera de un sueño ajeno. Es la obra de arte, que emerge del barro y del óxido que genera la realidad. Es la cautiva de un ejército de colores, y cuando Alistair consiga algunas libras, vivirá para siempre sobre un mundo de lino.
Peter Jassa, ha llegado a la zona de bancos dónde descansa Anaan, no muy lejos Alistair con las manos apoyadas sobre el escobón, sigue trepando por su fantasía. Peter le deseó buenas noches al pasar a su lado, pero no escuchó respuesta. Imaginó que aquel pobre hombre estaría pensando, en lo que siempre piensan los pobres hombres, sueños que se fabrican en cadenas de montaje y viajan en grandes contenedores de metal por las aguas del mundo entero, en eso o en la forma de conseguirlo. Su abuelo dice que mientras la gente siga soñando con consumibles de obsolescencia programada, la familia seguirá dando órdenes al gallo. Así que mejor no molestarlo, mejor dejarlo soñar, y trabajar. Acaba de reparar en la figura de Anaan, recostada sobre un banco, parece adormilada, y parece bonita, por un instante creyó que le miraba, pero ha apoyado la cabeza sobre la mochila para seguir descansando. Peter mira su reloj, aunque en los paneles de la pequeña terminal de vuelos nacionales, ahora vacía, hay marcadores que dan la hora, los Jassa están demasiado acostumbrados, a que el tiempo que realmente cuenta es el que cuelga de su muñeca. Peter suspira, a su vuelo aún le quedan más de dos horas para salir, si es que en algún momento no aparece con retraso en los paneles. Se acomoda en un banco cerca de Anaan, ahora puede ver a la muchacha de más cerca. Es una chica atractiva, que logra captar su atención. Espera paciente a que sus miradas se crucen y cuando lo hacen él sonríe y le regala un saludo amable, de esos que invitan a charlar, ella le responde, su voz es dulce y de color naranja, y tierna como el sol en la primavera de Flandes.
Alistair, siente temblar sus manos sobre la escoba, la abstinencia es un perro que le muerde las entrañas, no tiene dinero, y aunque lo tuviera, hiciera lo que hiciera con el, seguiría siendo un desgraciado. Si se compra un chute, no podrá pintar, si pinta no podrá chutarse. Su mirada sigue diseñando fantasías, y se acerca a Anaan. La fiebre parece disminuir cuando la mira, la desea pero jamás la tocaría, si la tocase se esfumaría de su mente tal como la ha soñado. Sólo podría tocarla si la pintase, pero sabe que ella estará muy lejos en cualquier parte del inmenso mundo, para cuando eso pueda suceder. Todo lo que puede y quiere hacer es percibirla, escuchar su voz, oler su aroma, tantear su mirada, escuchar como respira, así que poco a poco se acerca, y emboscado tras el milagroso poder de su escoba, sabe que no levantará sospecha alguna. Sabe por experiencia que las escobas no vuelan, pero te dan invisibilidad, la gente no suele prestar atención al tipo que barre los suelos. No le separan más de veinte pasos del banco dónde descansa su musa, pero el trayecto ha de hacerse de la forma correcta. Saca unos auriculares, y los pone en sus oídos, no emiten nada, pero es el detalle, al final la realidad cobra sentido sólo por detalles, sus cuadros se lo han enseñado muchas veces. Ahora es del todo imperceptible, podría meterse dentro de la mochila de la chica y viajar allí dentro por el resto de sus días y nadie lo vería jamás. Camina como si sus zapatos fueran de fino cristal, y poco después, puede escuchar el sonido de la respiración de la muchacha. El aire es de color turquesa cuando sale de entre sus labios color frambuesa. Sabe que le va a costar un dineral en tubos de óleo, pero no puede detenerse.
Anaan, finge dormir profundo, siente un cierto pudor ante la proximidad de Peter, es un chico atractivo, sus ojos tienen sabor a esperanza. Se imagina como sabrán sus labios, se imagina, cómo serán sus manos. Su pelo negro es una rebelión incontrolable que se arremolina en torno a su rostro. Le gusta ese toque de anarquía, dentro de toda la sobriedad que transmite el resto de ese chico peculiar. Se sabe observada, percibe a su alrededor sentidos ajenos que tratan de saborear la esencia de su ser. Ella es una chica directa, viene de un pueblo dónde la vida es así, directa, implacable, y sin demasiados matices. Ella se acercaría a él, y lo miraría, ella cree que basta una mirada para que los instintos empiecen a besarse y si no sucede, no vale la pena seguir. La tentación bulle en su piel, se incorpora, le gustaría desperezarse, pero no quiere hacerlo y que Peter la juzgue mal, saca un paquete de galletas de quínoa de su mochila, comer le ayuda a guardar las formas. Le ofrece una galleta a Peter, él la rechaza con amabilidad. Anaan y Peter, se presentan, e intercambian un par de frases sin importancia acerca del mal tiempo, mientras una sombra cruza sobre la línea de sus miradas, parece humana, pero no le prestan atención. Hay un ruido como de cedras de escoba rascando con suavidad el suelo, pero ellos sólo juegan a mirarse de forma furtiva, en la soledad de la terminal. Peter le pregunta a Anaan, como se le ocurrió ir a dormir a esa terminal, y ella simplemente le contesta, que pensó que estaría más cómoda y tranquila. Peter recela, es joven, es atrevida, es muy bonita, no tiene miedo, es independiente y piensa, y además come sano. Peter saca su tablet, y se disculpa un instante con Anaan. A ella no le ha gustado mucho ese detalle, podrían seguir hablando pero él ha rehuido la conversación, y Anaan no sabe porqué.  TAGS:undefined
Alistair, sigue amarrando detalles a sus sentidos, ella está hablando con un tipo, el típico tipo que sería la pareja perfecta para la muchacha. Como supuso, él ha se ha convertido en un ser invisible. Los colores se han sucedido, ha imaginado su piel de color violeta pálido, pero de pronto un tono bermellón lo ha sustituido, y pareció mejorarla, la voz de la muchacha es de color canela. El pelo es hermoso como el roble, y huele igual de bien, y a través de esa corteza fina de roble, pudo oler sus pensamientos de color verde manzana, a veces toman un color verde lima, pero siempre verde. La muchacha tiene unos ojos que saben a chocolate, pero te miran de color rojo intenso, que se mezcla con amarillo limón. Cuando habla sus palabras son sabrosas como pistachos, y sus labios se mueven como pétalos de amapolas, mecidos por una brisa imperceptible. Cuanto más tiempo permanece cerca de ella, mas colores percibe, debe alejarse, está casi por volverse loco. Él se enamora de esa manera, no necesita más que dejarse llevar por los colores de una persona, y si encienden las luces de su alma atormentada, y encerrada en este mundo monocromo, ya tiene bastante.
Peter ha estado mirando unas notas que le envió su abuelo, eran notas para un trabajo de segundo año en Harvard. En ellas hay una descripción de la democracia y al final en tono humorístico, dice que te puedes enamorar de ella a primera vista, así que mejor estrangularla antes de culminar el primer beso, incluso antes de dejar que te mire a los ojos por primera vez. Anaan es calcada a las notas de su abuelo, es todo eso y mucho más, es tarde para no haberse dejado seducir por la primera mirada, pero no es tarde para asfixiarla antes de que se le ocurra besarla. Peter es un tipo muy intuitivo, y sabe que Anaan desea probar sus labios, no es difícil adivinarlo, por más que ella se esfuerza en aparentar normalidad y guardar las formas. Es una mujer directa e inteligente, sabe lo que quiere y por si fuera poco sabe pensar. Es potencialmente peligrosa, y además ese nombre Anaan, es obvio que es de origen árabe. Sonríe cuando piensa en los Jassa, y en él con una mujer de origen árabe en su boca. La chica parece sorprendida, le mira bajo su parpados de caramelo, lo hace con mucho disimulo, pero él es astuto como todos los Jassa, puede verla sin mirarla siquiera. Observa detenidamente cada detalle de su ropa, de sus abalorios, de su aspecto, y entonces en el filo de una cremallera de la mochila, ve atrapada la punta de un pañuelo a cuadros, le recuerda a los pañuelos palestinos. Peter sonríe, mientras cierra su tablet, y vuelve a buscar el contacto visual con ella. 
Anaan le devuelve la sonrisa, mientras observa como Peter, se incorpora toma el asa de su maleta de plata y cruza el espacio que separa los dos bancos, y con una sola mueca de sus labios, le pide sentarse a su lado. Sus instintos de gacela, le advierten, algo extraño le sucede, dos minutos atrás le habría encantado, ahora un murmullo en su corazón le provoca una ligera angustia. La mirada de Peter sigue siendo la misma, pero cuando brilla ya no la ve como azul esperanza. Es un azul metálico, perturbador, una mirada que esconde emociones. Todas las miradas del mundo tratan de hacerlo, pero esa mirada esconde emociones que la han vuelto fría, con respecto a ella. Peter se sienta y deja apoyada la maleta en el filo del banco, y entonces le pide una de sus galletas de quínoa. Observa con todos sus sentidos puestos en los detalles, ahora le gustaría no estar sola en esa terminal. Le gustaría que un aluvión de gente entrase por sus puertas y que se encendieran todas las luces, y que las megafonías empezaran a anunciar las inminentes salidas de los vuelos. Algo la asfixia, algo la oprime, sus ojos lo rastrean todo y entonces, en la tapa de la tablet que Peter lleva en su mano, puede ver la inicial de Peter acompañada por el apellido Jassa, escrito íntegramente en mayúsculas. Reconoce ese apellido, es un apellido de origen judío, ahora entiende porque el azul de los ojos de Peter ha cambiado, entiende porque su recelo le ha hecho verlo de forma distinta. Ambos se han reconocido, ambos han dejado de sentirse, para simplemente juzgarse, y una barrera que no existía se ha levantado entre ellos. Un muro de piedra, frio, infranqueable. Peter la sigue mirando desde sus ojos azul metálico, mientras mastica la galleta de quínoa. Existe entre ellos una cortina de rabia, que ni siquiera es suya, pero que logra difuminar el deseo, y quema cualquier rastro de sensualidad, como si fuera mala hierba que hay que eliminar.

Alistair, se remueve inquieto y confundido, puede ver a la chica, sentada junto a su chico perfecto, algo extraño está sucediendo. Los colores cambian, se desvanecen, se difuminan, se vuelven tonos sin sentido. Ella se está encerrando bajo la piel, se está revistiendo de un gris color prejuicio, que le recuerda al cemento, es el color de la mayoría cuando siente miedo. Al muchacho le sucede lo mismo, aparenta normalidad, pero se ha vuelto gris oscuro, gris tormenta, ni siquiera tiene forma, sólo encierra dudas y prejuicios de la mejor manera que puede bajo la piel y las palabras. Alistair, añora un chute, de pronto preferiría viajar a pintar, como le ocurre en la vida cotidiana. Las personas se diluyen en terribles colores, simplemente porque corren sobre raíles a toda velocidad guiados por emociones que ni siquiera les pertenecen, pero las llevan encima toda la vida, sujetas como un parásito a su corazón y a su mente. Ya no desea ser invisible.
Peter mira a Anaan, y le pregunta de dónde es, ella clava sus ojos en la mirada de Peter, podría haber dicho que es londinense, ciudad donde nació, pero prefiere clavarle la realidad en el pecho, y se proclama Palestina. Es un desafío, una declaración de intenciones, Peter habría querido jugar un poco más al juego del gato y el ratón, acorralarla a través de su esgrima intelectual, y le responde con un silencio, y con otra declaración directa, soy judío le dice. Ambos se miran, se estudian al uno al otro, hay dos almas atrincheradas detrás de mil tragedias, y de odios heredados, pero las almas inteligentes siempre son curiosas. Peter no deja de verla bonita, en ningún momento ha podido dejar de hacerlo. Tendrían que haberse besado sin más, primero tendrían que haberse tocado con sus labios, con sus instintos, pero el mundo está marcado para que todos se identifiquen como sujetos de una banda u otra, antes que con el corazón, sino sería muy difícil la contienda. Son las reglas del juego, el juego que mueve a la humanidad, desde tiempos ancestrales, así lo ha vivido a lo largo de todos sus viajes. Anaan puede leer en el silencio con que se observan y por un instante siente de nuevo el azul esperanza, tratando de tocar sus labios, pero es sólo eso un destello. Ambos se tornan acero, ambos se tornan grises cómo las historias sin memorias. Anaan piensa que si alguien pudiera dibujar ese instante acabaría por pintar solo dos enormes montañas de fría piedra, sin un solo tono verde, mirándose mientras el tiempo las desgasta.

Alistair ha dejado de ser invisible desde hace unos minutos, se lleva los recuerdos de la chica de colores que ha logrado sentir durante largos minutos, mira hacia el banco dónde están sentados, él se levanta y toma su maleta plateada por el mango y recorre el camino de vuelta a la terminal internacional, ella se queda sola. Alistair trata de percibirla de nuevo, pero está fría, el aire en sus labios es aire polar, de un blanco sin tonos, si al menos tuviera un trago de buena ginebra en las manos, piensa Alistair. La tristeza nunca le ha inspirado una obra, así que para cuando tenga dinero para óleos, ya no sabrá que pintar. Malditos paisajes helados, piensa Alistair, luego sigue rascando el suelo con las cedras de su escoba incansable. El mundo de los ácaros vuelve a sufrir una nueva revolución bajo el impulso inconsciente de nuestro pintor imposible.

 

 

 

Mik 2016

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Comentarios La terminal del cuadro imposible

Fascinante la forma en que describes los sentidos. Maravilloso relato. En un principio, cuando eché una mirada al relato completo, lo encontré algo extenso, pero al terminar de leer, quería más. Fue como ver una escena de la vida a través de un escaparate. Corrijo, ver no, sentir.
Maricruz Maricruz 11/10/2016 a las 19:38
Me pregunto... de qué color será mi voz...
Yo Yo 11/10/2016 a las 22:20

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