Avisar de contenido inadecuado

El señor Massens

{
}

Al señor Massens empezamos a echarlo de menos el lunes por la mañana. Era un anciano alto y delgado, vestía siempre de traje, tenía unas manos finas y cuidadas, y lucía una melena plateada, sin vida ni brillo, bajo un sombrero de fieltro azul oscuro de ala corta, que le hacía inconfundible. Nunca desveló su edad, aunque solía repetir que de niño disfrutaba viajando en el recién inaugurado metropolitano transversal. A pesar de su aspecto pulcro, a nadie se le escapaba su apariencia de espectro, cuando entraba en la tienda a primera hora. Solían decir que parecía un fantasma, y que cuando se cruzaban con él, les aterraba el aspecto de su mirada color gris, turbia, como de cielo sucio. Lo cierto es que sus ojos emanaban una tristeza contagiosa que calaba hondo, enfrentarlos más tiempo de lo debido, era como ahogarse en aguas pantanosas. Massens era una persona educada, y amable, parecía un hombre culto. Si le dabas cuerda, podía hablar de cualquier tema, aunque eso era algo que todos evitaban, nadie quería hablar demasiado, o más de lo necesario con Massens. Como he dicho no porque fuese una persona intratable, sino porque sin importar que tema tratase, aunque te hablase del mismísimo espíritu del carnaval, era inevitable que terminase por contagiar el ánimo, de un sentimiento gélido de moribundo triste que estremecía. Era como si la tristeza fuese mantequilla sólida, que Massens podía producir solo con exprimir un poco de la esencia de su alma, para luego hacer que uno la engullera con tan sólo pronunciar un par de frases entrelazadas. El fantasma, quedó como apodo del señor Massens, y mientras todos en la tienda trataban de evitarlo cuando llegaba por la mañana, solía ser yo quién le atendía, no porque fuese más compasivo que el resto, sino porque era algo más ambicioso cuando se trataba de alimentar mi curiosidad. Él era un personaje singular, estaba convencido que aquel hombre tenía muchas cosas que desvelar. Massens en ocasiones parpadeaba de forma compulsiva y muy rápida, y mientras todos se reían, sin buscar una explicación, yo en una ocasión me tomé la confianza de preguntarle si era un tic, al momento una amplia sonrisa que dejaba ver una blanca dentadura de vieja calavera, dejó paso a una respuesta que de manera rotunda, me hizo dejar de verlo como lo hacia la mayoría, << no chico, no es un tic, es sólo para limpiarme la soledad>>. Me dio lastima. Aquel día, como siempre, pidió un bocadillo y un botellín de agua natural, se marchó y no volvimos a verlo hasta la siguiente mañana, esa era su rutina.

Era un hombre extraño, y también resultaba raro no verlo nunca por el barrio. Se le volvía a ver camino de su casa al ocaso, alguna vez me crucé con él, en la distancia o en medio de la penumbra del atardecer, y lo saludaba. Massens sin apenas mirarme, como si no me conociese, emitía un rápido gruñido, y corría a encerrarse en la torre dónde vivía, cerca de la estación de metro de la florida. Me intrigaba ese comportamiento esquivo, de tal modo que una tarde decidí esperarlo y abordarlo, como si fuera un encuentro casual. No fue un buen plan, enseguida supo que aquello no tenía nada de casual. Me miró y aún sabiendo de mi farsa, no pareció inmutarse, más bien fui yo quien quedó fascinado y a la vez atemorizado, con la increíble visión que tuve delante durante unos segundos. Decidió desafiarme, satisfaciendo mi curiosidad morbosa, y durante un instante se detuvo a saludarme, hundiendo su mirada en la mía como una daga. Era el señor Massens, pero su rostro era distinto, como el de un niño, sus ojos eran felices, azules y brillantes, como si se los hubiera robado a un enamorado, exhalan vida, fuego y pasión, y me miró como diciendo, querías verme pues ya me ves. Su gesto se endureció y desapareció tras la puerta de su casa, mientras yo quedaba petrificado. Guardé el secreto, no se lo dije a nadie, porque nunca me habrían creído. La curiosidad me llevó a vencer el miedo y en dos ocasiones más lo encontré al anochecer, siempre con el mismo resultado. Sus ojos, su porte, rejuvenecido, como si fuera otra persona. Fui su cómplice durante meses, siempre fascinado ante lo que veía por la mañana, y lo que observé aquellas noches. Aquel lunes cuando no vino, supe que algo había pasado, no tardamos en enterarnos de que Massens había muerto el día anterior, lloré por él. Al ocaso una carta dirigida a mí, llegó a la tienda.
Agradezco tu silencio, la discreción habla bien de ti. Me habéis considerado un bicho raro, me llamabais el fantasma, no importa, en cierto modo lo era. La soledad te convierte en fantasma y yo terminé mi vida siendo cautivo de una soledad que no busqué. Recuerdo tu rostro intrigado cuando te cruzaste conmigo aquellas tardes, no podías explicarte que me sucedía, y ahora te lo diré en pocas palabras, sólo era un ladrón. Siempre fui un hombre honrado, pero en mis últimos años me apropié de lo que más deseaba, solo tuve que pararme y mirar a los ojos adecuados. Nunca dejes de hacerlo y llévate lo que sientas que tiene mas valor.
P.D
Ve a mi casa, entra y hallaras mi botín, es todo tuyo.
En el interior del sobre había una llave. Salí a toda prisa y corrí hasta su casa ardiendo de impaciencia, llegué muy rápido. Saqué la llave y apenas atiné a abrir la puerta, cuando lo hice no pude dar un paso al ver el botín colgando de las paredes. Incrédulos, mis ojos absortos recorrían cientos de dibujos al carbón, óleos y acuarelas. En vivos colores, representados con detalle y mucha sensibilidad, amor, sueños, esperanza, juventud, alegría, amistad, en escenas tomadas en los vagones de todas las líneas de metro de la ciudad, en plazas, en parques, en las terrazas de los cafés y en las avenidas. Cientos de rostros colgaban de las paredes, llenando todas las habitaciones. El misterio de sus transformaciones estaba desvelado. En aquel momento, lo recordé entrando en la tienda por la mañana, ninguno de nosotros estaba allí representado. Minutos después sudaba y lloraba mientras robaba todo lo de valor, desnudando las paredes.

Mikwai 2017

{
}
{
}

Comentarios El señor Massens

Moraleja:. Tenemos que aprender a buscar en las personas las cualidades buenas q les podamos robar. Por eso el mundo está como está porque lo primero que vemos es lo malo. Muy bueno Mike, trato de encontrar en tus escritos algo q me sirva, y siempre encuentro..
Maricruz Maricruz 06/06/2017 a las 21:03

Deja tu comentario El señor Massens

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre