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" La libra de carne"

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Soy un viejo, tan viejo que ya me quedan pocas posibilidades de ser más viejo, hoy he cerrado mi último trato, soy comerciante de carne.
Hace cincuenta años el negocio me parecía difícil, o por lo menos más difícil, hoy es tan sencillo que he decidido dejarlo. No encuentro aliciente, y viejo o joven cualquier actividad a la que uno le dedique tantas horas como el trabajo, ha de tener ese plus que te haga querer seguir adelante, de lo contrario no llegaras nunca a nada, te dediques a lo que te dediques.
Tengo una enorme casa, una casa vacía, cerré la planta superior un mes después de fallecer mi amada esposa, eso ocurrió hace dos años. Ella era otro aliciente, ella era la cara dulce de mi vida. Le gustaba organizar grandes fiestas, a veces algunos invitados se quedaban a dormir, y en la planta superior teníamos ocho habitaciones dobles, que siempre se quedaban cortas, para poder alojarlos a todos. Mi mujer era muy aficionada a la jardinería, era toda una especialista en orquídeas, y el reto de su vida era cultivar una especie llamada "Caleana major"


Tengo un hijo, y dos nietos, apenas si los veo desde que ella falleció. Mi hijo no me soporta, y lo cierto es que yo tampoco lo soporto a él. No digo que no lo quiera, pero se me hace insoportable. En cierto modo somos dos desconocidos, que se conocen de vista y no se caen bien, admito que en parte es mi culpa. Apenas le vi nacer, graduarse en la universidad, y casarse. Al nacimiento de mis nietos no pude asistir, mi trabajo me alejaba tanto de casa, que perdí toda oportunidad, de hacer de padre, o de abuelo. Mi mujer era mi vida, no sólo porque la amase, sino porque para mí era sencillo delegar mi vida en ella. Era cómo mi director adjunto de asuntos sentimentales, mientras yo me ocupaba de seguir vendiendo libras y libras de carne por todo el planeta. Era un trabajo adictivo, divertido, ingenioso, imaginativo, en realidad nunca crié un solo gramo de carne, ni siquiera de la mía, tan sólo era un intermediario. Un genio me llamaban algunos, un engendro de Satanás me llamaban otros, pero nunca me importó lo que pensasen unos y otros, sólo salirme con la mía.


En realidad siempre fui así, desde pequeño, salirme con la mía era una obsesión, la piedra angular de todos los esfuerzos y pensamientos de mi vida, y aunque reconozco que amaba a mi mujer, también con ella empezó todo por querer salirme con la mía. Al final ella era la variante, la derivada, la posibilidad imprevisible de que algo en mis planes no saliera cómo yo quería, y eso poco a poco me sedujo incluso más que su belleza, o la ingenua pero deliciosa actitud de sus emociones, puestas en acción sobre la vida. Su amor por mí nunca lo entendí, pero sé que me amaba, que me esperaba despierta cuando llegaba de madrugada de un aeropuerto, que sólo respiraba en paz si recibía mi llamada desde cualquier lugar del mundo. Supongo que en cierto modo, ella nunca supo lo cruel que podía llega a ser mi trabajo. De haberlo sabido me habría odiado, de haberme odiado, yo me habría apartado del mundo. Así que en realidad y es una gran paradoja, yo he vendido carne durante cincuenta años por todo este viejo y pequeño planeta, generando más odio e injusticia del que puedan imaginar, sólo porque alguien me amó.


La he vendido por cientos de millones de quilos, de todas las texturas, de todos los colores, de todos los sabores, y a todos los compradores, siempre al mejor postor, porque al final de eso se trataba de venderla al mejor precio, y no se pueden imaginar el rendimiento que puede llegar a dar vender carne. Carne humana por quilos, o por cabezas, depende para que se quiera. Si es para convertirlos en consumidores sumisos, fieles a un producto, un país, una bandera, una idea, una canción, no importa, los vendes por cabeza y te llevas tu tanto por consumo. La otra manera es mucho menos noble porque los puedes vender para triturar en una guerra, o para ser esclavos de corporaciones, o victimas de revoluciones, aquí se gana mucho y rápido, pero suelen durar poco los rendimientos. El caso es que ya no me apetece seguir en ese sucio negocio, sin ella ya no me apetece, la soledad no se mitiga con nada, el tiempo te come vivo, cómo si estuvieras muerto pero consciente, y un único gusano tuviera la tarea de desintegrar tu cuerpo. Así que hoy mismo anunciaré mi retirada, me iré, desapareceré de la escena para siempre, y me prometo a mi mismo ser digno, del amor que ella me dio. Puede que aún esté a tiempo con mis nietos, puedo ser un viejo muy convincente.


Ahora después de haberme pasado media vida exponiendo, planes e ideas para salirme con la mía, no sé como dejarlo todo atrás. Tengo socios, muchos socios, en todo el mundo, también de todos los colores, banderas, religiones y pasiones. Ellos saben que les seguiré siendo fiel, pero albergo dudas, en mi profesión la más mínima falta de confianza te cuesta un accidente.
Lo primero que tengo que hacer es escribir un buen discurso, algo que trascienda y deje claro que nadie sabrá nunca del comercio de carne. Lo sospechan todos, unos lo creen, otros no, pero en la división de opiniones, se genera siempre el espacio de la duda, y sin la duda no se puede gobernar este mundo, porque mientras las gentes dudan, no toman decisiones, y aunque sea por pura inercia, siempre siguen adelante con las pocas convicciones que les dejes tener.
No sé cómo empezar mi discurso, puede que sea la vejez, pero sé que hoy les diré a todos que dejo la política y todos mis cargos en organismos internacionales, que después de mi nobel de la paz, y tras años de luchar humildemente por extenderla por el mundo, ya no me veo con fuerzas de seguir… ( creo que con esto tragarán ).

Fin

Mik Pt 2018

 

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