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" La tormenta"

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La tormenta se desplomó sobre el mundo, cayó cómo un muerto, sin control alguno de su cuerpo pesado y húmedo.


En aquel páramo de estructuras descomunales, la tierra se enfangaba bajo mis pies, tan sólo un gesto de dios podía haberla detenido, pero dios dormía, y la tormenta arremetía, poco a poco, con paciencia, aplastándose contra el suelo, llenando de lodo el universo, mientras dios dormía.


En mis manos tenía un simple encendedor, y un cielo endiablado, cubierto con la piel negra de una serpiente alada, me ignoraba, yo sólo era un futuro recuerdo de barro, estaba escrito. Tan solo un encendedor, una chispa, una llama, una pequeña oportunidad, rodeado de mares de fango y arcilla, un encendedor triste y medio muerto de vergüenza, sin cuerpo ni costillas que ofrecer a dios, para animarlo a despertarse, una llama diminuta, sin ánimo, ni esperanza.
Encendí esa pequeña llama, ambos nos hundimos en la tormenta para volver a nacer, aquel pequeño encendedor me dio su alma, llama pequeña pero suficiente.


La tormenta se moría, y ya casi no necesitaba ni despertar a dios.

 

MPT/ 8/16

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