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"la Niña"

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Cuando subí al tren en la estación de Palau Reial, el sonido convencional del ajetreo del metro, lo llenaba todo. Sentado en el vagón casi vacío, me puse los auriculares, las primeras notas de un aria susurraban en mi oído, dando refugio a mi mente. Todo era normal …
<< La chica estaba en su habitación, sola, sin miedo, sin dolor, sin más pasión que la que guardaba en su corazón … quién la amase debía encontrarla>>
Sí, yo tampoco lo esperaba, pero estas palabras resonaron en mi cabeza, rápidas como un rayo, erizando mi piel, dejando un destello de miedo, y una inexplicable sensación de paz. Miré a mi alrededor sin comprender de dónde provenían. Seguía solo en el vagón, así que decidí olvidar lo sucedido. Llevaba semanas estudiando después del trabajo, durmiendo poco, atiborrándome de café y de textos de derecho. Era normal que mi cabeza perdiera aceite por alguna junta desgastada. Subí el volumen de la música, escuchaba un aria famosa, Casta Diva, interpretada por la inigualable Callas. Con ella solía olvidarme del mundo. Los vagones empezaron a llenarse de gente. Un histriónico violinista de aspecto transilvano, interrumpió mi aria, con un acelerado ritmo del Danubio azul. Detuve el aria de Callas, y me sometí a la encomiable pasión de su frenética interpretación.
<< Llegó con la luz, fue la primera ráfaga de aire que recorrió el mundo, cuando apareció la vida>>
Me dejó helado, de nuevo una frase que se había colado en mi cabeza, esta vez acompañada por la vívida sonrisa de una niña. Miré en todas direcciones, la gente seguía con su rutina. Unos leían, otros parecían encadenados a las pantallas de sus móviles. Unos charlaban, otros intercambiaban distintos matices de miradas, o miraban hacia horizontes lejanos que traspasaban los límites del vagón, pero ninguno tenía aspecto de haberse sobresaltado por la irrupción casi fantasmal de una voz en su cabeza. Empecé a preocuparme ¿Puede que de verdad estuviera perdiendo el juicio? Traté de calmarme, el Danubio azul se había bajado en la estación de Poble Sec.
Iba a dejar que la Callas me devolviera a mi refugio, cuando escuché de nuevo aquella sonrisa infantil, como si la tuviese a mi lado. Me levanté alarmado ¡En algún sitio tenía que estar aquella criatura!
La busqué arriba y abajo, vagón tras vagón, todo en vano. Ella seguía sonriendo, cómo si jugase al escondite conmigo, aquí y allá podía oírla. Parecía estar en todos sitios, correr en todas direcciones, posarse en todas las miradas. Desconcertado la busqué y la rebusqué sin resultado. No sentía miedo, solo ansiedad, necesitaba encontrarla porque cada vez que la escuchaba sonreír, algo dentro de mí se llenaba de paz.
Así transcurrió mi viaje hasta la estación de Diagonal, bajé del metro todavía escrutando los vagones. Seguía confundido, no podía dar explicación racional a lo sucedido, cuando oí de nuevo su llamada.
<< Mírame, siempre he estado contigo, desde el principio de todo>>
Entonces la vi, de pie sonriendo en una de las puertas, creo que ella quiso que así fuera. Quise acercarme pero la señal de cierre de puertas me detuvo. Ella estaba ahí de pie, mirándome, su mirada era la de una mujer madura y sabia, en su rostro la mueca de su sonrisa infantil, parecía hija de la eternidad.
Sin necesidad de pronunciar palabra le pregunté - ¿Estas perdida? - ella respondió - No, sólo olvidada- Una sombra de tristeza ensombreció su sonrisa, y por alguna razón también impregnó mi alma.
- ¿Cómo te llamas?
La niña me miró, y mientras en mi cabeza resonaba su respuesta, su sonrisa volvía a flotar en toda la estación y el tren siguió su marcha.
- Me llamo, Libertad.

 


Mik P abril 2018

 

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Comentarios "la Niña"

Precioso primo...
Marilin Marilin 04/05/2018 a las 20:54

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