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El Ladrón

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Lo vi subir al vagón y supe que lo era, lo tenía escrito en el rostro, esa mueca inteligente, avispada, que rastrea el entorno, que calcula posibilidades, que escanea a la gente de arriba abajo, tratando de valorar cual puede ser su víctima. Quise gritar a todo el mundo, advertirles, para que se pusieran en guardia, para que guardasen todo cuanto llevasen de valor, y aquel ladrón no pudiera hacerse con nada, pero no me atreví.
No reuní el valor suficiente, tenía miedo ¿Y si nadie me hacía caso, y si me ignoraban? No sería de extrañar esa reacción, en este mundo loco nuestro, donde la gente sólo mira por sí misma, exaltando el individualismo y la falta de empatía, hasta el límite de la locura. Valoré la situación y casi pude visualizar, como mi advertencia, pasaba inadvertida para todos, excepto para el ladrón, consiguiendo sólo convertirme en el blanco de su atención. Este se centraría en mi y delante de la total inacción de la gente me robaría, y nadie haría nada por ayudarme. Decidí no gritar, ser uno más y preocuparme sólo de mí. El tren paró en la siguiente estación, plaza Catalunya, el vagón se llenó, sabía que no tardaría en actuar. Era el mejor momento, con el vagón repleto, lleno de humanidad, de turistas alegres, de trabajadores estresados, estudiantes, parejas, jóvenes, ancianos, incluso perros, todo el espectro social a su disposición para que pudiera escoger.
El tren siguió su marcha normal.debería haberme bajado en Universitat, pero quería hacer algo por evitar que aquel ladrón actuase, era mi deber. Vi como su mirada se centraba en un grupo de chicas y chicos jóvenes, todos reían y charlaban despreocupados, vi como sus ojos observaban, cada detalle del grupo, cada gesto de cada persona que lo componía, sus pupilas se dilataban y se contraían, cuanto más quería profundizar en la observación de lo que sin duda iban a ser sus próximas víctimas. Su rostro de tez oscura, su pelo lacio, fino y azabachado, su aro plateado colgando de la oreja, y sobre todo ese gesto descarado, atrevido, seguro, propio de a quien le importan poco las normas y las consecuencias de incumplirlas, dios como lo aborrecía. Un brillo fugaz en su mirada le delató, supe que no iba a tardar en actuar, el grupo sin darse cuenta se había desplazado cerca de él, a medida que bajaba o subía pasaje en las estaciones. Cerca de Rocafort, me puse justo a su lado, me fijé en un macuto que llevaba colgando de su hombro, entonces mientras no dejaba de mirar al grupo, metió su mano dentro, sin duda había llegado el momento, que sorpresa se iba a dar, cuando mi intervención frustrase su intento. Casi me relamía, no sabía como lo haría pero mi rabia me había infundido valor, y ya no tenía dudas.
Su mano se revolvía dentro del macuto, a saber que andaba buscando para cometer su robo, quizá una navaja, o una de esas tpv portátiles con las que dicen que te hacen cargos en la tarjeta, fuese lo que fuese había llegado el momento. El desgraciado respiró hondo, también yo lo hice, éramos como una pareja de baile listos para entrar en acción, entonces su mano salió del macuto con cierta violencia, quise gritar, y vi que empuñaba un lápiz ¡Un maldito lápiz! Luego sacó una pequeña cuartilla, con rapidez y en pocos trazos empezó a bosquejar al grupo de chicos y chicas, gestos, sonrisas, poses, unas caricaturas casi graciosas. Lo odié con todo mi ser, se bajó en la siguiente parada, pero me había robado ¡sentí que me había robado, no sé qué pero me había robado!

 

 

Mikwai/17  

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Comentarios El Ladrón

Que buenos somos juzgado cuando la apariencia de otros no encaja en nuestra expectativa. Recuerdo q mi madre siempre nos decía de chicos "no basta ser bueno, tienen q parecer q lo son".
Maricruz Maricruz 03/07/2017 a las 22:20
Qué susto! : )
Seguro le robó ! Ha revisado bien si no le falta un rayo de sol?
Yo Yo 09/07/2017 a las 23:13

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